Con una eucaristía afro, convocada por el Grupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación (CNRR), el Archivo General de la Nación (AGN) y la Pastoral Afrocolombiana, se conmemoró el pasado 2 de mayo en Bogotá el octavo aniversario de la masacre de Bojayá, Chocó.
La homilía, presidida por los padres Emigdio Cuesta y Mario Toro, se celebró en la sede del AGN al ritmo de tambores y cantos tradicionales del pacífico, interpretados por el grupo Timbiguá. La música y las danzas del colectivo Palma Negra invitaban al público asistente a celebrar la vida sin olvidar la muerte de quienes hace 8 años fueron víctimas de actos criminales en ese municipio del medio Atrato colombiano.
La masacre ocurrió el 2 de mayo de 2002, cuando aproximadamente 80 personas murieron luego de que guerrilleros del frente 58 de las FARC lanzaran un cilindro bomba contra la iglesia de Bellavista (casco urbano de Bojayá), donde la población buscaba refugio en medio del enfrentamiento militar entre el grupo guerrillero y paramilitares de las AUC. El hecho no solo provocó la muerte de 45 menores de edad, sino que ocasionó graves heridas a más de cien habitantes y obligó el desplazamiento de prácticamente toda la población.
Terminada la misa los asistentes pudieron visitar la exposición sobre este caso que se exhibe en las instalaciones del AGN hasta finales del mes de mayo. La muestra fotográfica es el resultado del trabajo de acompañamiento e investigación psicosocial en Bojayá, adelantado por el Programa de Iniciativas Universitarias para la Paz y la Convivencia (PIUPC) de la Universidad Nacional. Las imágenes y testimonios que la componen dan cuenta de los impactos de la guerra en la comunidad y de la manera como sus miembros dan sentido a las experiencias vividas.
La masacre de Bojayá es, según los investigadores del Grupo de Memoria Histórica que estudian actualmente el caso, un hito en la larga cadena de violencia que ha vivido nuestro país, a la vez que es un punto culmen de la degradación del conflicto armado que aún padecen las comunidades afrodescendientes e indígenas del medio Atrato y del departamento de Chocó.
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